viernes, 7 de septiembre de 2012

Canción del adiós

Tengo el alma resacosa 
de sueños rotos, 
de felicidad efímera
otrora de apariencia sempiterna.

Tengo el corazón henchido
de felices recuerdos,
mas de la dicha desierto
que una vez me inspiraron tus ojos.

Hoy solo es dolor hiriente,
lo que en otro tiempo fue  pasión ardiente, 
hoy solo hay lágrimas
 donde antes había unión de ánimas. 

¡Ah! ¡Cuantas veces canté en la noche,
con el corazón ardiente,
el sonido de tu nombre!
¡Cuantos besos tiernos de tu boca
robé a tus labios, indecente,
por desearlo mi alma loca!

Mas hoy, entre las ruinas 
de lo que fue y ya no, 
entre las lágrimas de nuestras almas,
la culpabilidad me hiere más que el fin,
la responsabilidad causa la peor desazón 
para mi corazón. 

Hoy, las estrellas lloran tú dolor, 
y la luna odia mi existencia, 
hoy, soy el culpable de lo que acabó, 
hoy, soy el responsable de tu tristeza.

Tan solo escribo estos versos
para pedirte perdón, 
ojalá nuestros besos
no causasen ahora desazón.

Discúlpame, mi amor, 
jamás pensé que tuviéramos 
que decirnos adiós.

lunes, 20 de agosto de 2012

El IV Reich alemán, un imperio financiero

Ya lo advirtieron muchos líderes políticos con anterioridad, desde los dirigentes franceses tras la Iª Guerra Mundial hasta los rusos tras la IIª Guerra Mundial: Alemania unificada y fuerte es la mayor amenaza de Europa, tanto para la propia Europa como para el resto del mundo.

Por su situación geográfica, Alemania siempre ha estado avocada a dominar para no ser dominada. Esto lo han tenido bastante claro los alemanes desde la unificación capitaneada por Prusia culminada en 1871. La joven Alemania de aquel entonces tuvo la suerte de ser comandada por una de las grandes mentes políticas de todos los tiempos: Otto von Bismarck, el Canciller de Hierro. Bismarck fue el primero que llevó a cabo eso de dominar para no ser dominado, si no que le pregunten al segundo imperio francés, que fue vapuleado por el ejército todavía prusiano, que llegó a las puertas de París. Bismarck, pese a esto, fue un político pragmático e inteligente, que era perfectamente consciente de que Alemania debía de ser fuerte, pero no a cualquier precio. Con su realpolitik Bismarck intentaba mantener un equilibrio en Europa, pero en ningún caso conseguir una clara, manifiesta y amenazante superioridad alemana en el Viejo Continente. El Canciller de Hierro buscaba preservar la unidad de Alemania y consolidarla como potencia, pero no imponerla al resto de Europa. 

Todo esto cambió con la destitución de Bismarck llevada a cabo por el Káiser Guillermo II. El joven emperador del II Reich alemán era más ambicioso y menos realista y prudente que Bismarck. Con él podríamos vislumbrar el comienzo de una saga de políticos alemanes muy dispares, pero que tienen ciertas afinidades y algo común por encima de todo: intentar imponer Alemania a Europa. El Káiser Guillermo II comenzó la weltpolitik, política mundial, por la cual Alemania empezaba a mirar menos su interior, el mantenimiento de sus fronteras y el statu quo, para meterse de lleno en una política imperialista y expansionista que desembocaría en la Gran Guerra. Por supuesto, esta actitud alemana no fue el único desencadenante de la guerra, ya que todos los países contendientes habían hecho méritos para que esta estallase, pero sin duda la desaparición del Canciller de Hierro, que mantenía el frágil equilibrio en Europa y en Alemania, fue determinante para que la guerra comenzase. Alemania fue derrotada como bien es sabido, y los franceses les impusieron unas sanciones de guerra durísimas con el objetivo de que Alemania no volviese a ser una amenaza.

Pero si algo tienen de admirable los alemanes es su ética de trabajo, gracias a la cual consiguieron de nuevo levantarse. Alemania consiguió volver a ser una potencia en Europa con esfuerzo y sacrificio, algo sin duda admirable. Pero Alemania nunca sabe quedarse ahí; en lugar de aprender de su pasado, de permanecer como una gran nación junto a otras grandes naciones europeas, buscó ser la gran nación de Europa. Alimentados por el odio a los franceses por las duras condiciones del Tratado de Versalles, y espoleados por el radical discurso ultrapatriota y antisemita de Adolf Hitler, Alemania volvió a embarcarse en la empresa de dominar Europa, otra vez mediante el uso de la fuerza. Como por todos es sabido, esta locura alemana, cuya cabeza fue Hitler, pero en la que la mayor parte del pueblo alemán participó gustoso hasta que las cosas comenzaron a torcerse, acabó con la mayor masacre de la historia de las guerras y con Europa destruida. El III Reich había sido derrotado, pero a costa de la vida de cincuenta millones de personas. Cincuenta millones de vidas le costó a la humanidad la ambición y la locura del pueblo alemán.

Tras la derrota en la IIª Guerra Mundial, Alemania fue dividida provisionalmente, y más tarde definitivamente, en gran parte por la insistencia de los rusos. El todavía dirigente de la URSS, el sanguinario Stalin, sabía que una Alemania unida volvería a ser, tarde o temprano, una amenaza, no solo para la URSS, sino para Europa entera. Esta postura de Stalin era compartida por los franceses, que habían vuelto a ser atacados e invadidos por los alemanes; pero no así por ingleses y estadounidenses, que tenían más miedo del comunismo que del resurgir de Alemania. EEUU y Gran Bretaña querían una Alemania unificada que hiciese de tapón contra la expansión del imperio rojo de Stalin por Europa. Finalmente también se unió a estadounidenses e ingleses Francia, por afinidad ideológica más que por convencimiento. Pero los aliados no fueron capaces de imponerse a Stalin, y Alemania quedó dividida. 

Tras el desplome del bloque comunista, y atendiendo a las viejas promesas, al clamor de los alemanes y al ruego de miles de personas en todo el mundo que, inconscientemente, pedían la reunificación de Alemania basada en ideales liberales y democráticos, Alemania volvió a ser una el 3 de octubre de 1990, lo que la convertía inmediatamente en gran potencia del mundo. Antes de la reunificación, la República Federal de Alemania (Alemania Occidental) ya había despuntado económicamente como potencia, pero con la restitución de todo el territorio alemán el potencial de la nación era incalculable. Y no tardaron en ponerlo en práctica los alemanes, pronto se colocaron a la cabeza económica de Europa y del mundo.

A día de hoy, 22 años después de aquello, Alemania vuelve a ser un despiadado y ambicioso Reich (imperio en alemán),y aunque esta vez no es un Reich militar, sino que es un Reich financiero, sigue haciendo temblar a toda Europa como lo hiciese el III Reich. Merkel y el mercado alemán dominan Europa con una facilidad pasmosa, influyendo de tal manera en la UE que bien podría decirse que es un órgano alemán para Europa en lugar de un órgano europeo para Europa. El otrora ejército alemán que utilizaba la blitzkrieg o guerra relámpago es ahora un batallón de enchaquetados canosos que infiltraron tras nuestras líneas económicas bombas de relojería financieras que han hundido la línea de resistencia económica del país. Por si fuera poco, tras la conquista silenciosa los alemanes han colocado a sus títeres en el gobierno de nuestro país, que obedecen a rajatabla lo que les marca esa UE germanizada, haciéndonos creer que aun somos soberanos en nuestra nación. Por último, los títeres del gobierno han instalado su Gestapo particular en los medios más afines a su causa, convirtiendo en una verdadera persecución mediática toda reacción popular a la dramática situación de ocupación económica que vivimos, siendo apoyados además por aquellos germanófilos que confunden ideales con obediencia ciega al partido que en teoría encarna dichos ideales, pese a que no sean más que marionetas en manos de la führer Ángela Merkel.

Seguramente muchos de los que lean estas líneas sean escépticos en cuanto a lo que he escrito y tilden de exageradas, e incluso radicales, las analogías que he hecho, pero lo que he escrito no es más que la realidad que vivimos, y no soy yo el primero que ha afirmado que nos encontramos inmersos en la IIIª Guerra Mundial, una guerra económica tan despiadada como las guerras militares, solo que la muerte en esta es más lenta, más agónica y menos visible. Y en esta guerra nos ha tocado ser la Checoslovaquia de 1938, aquella que fue sometida sin esfuerzos gracias a la permisividad de las otras potencias europeas, para regocijo de los ambiciosos alemanes. De nosotros depende dejar que nos encierren en los Auswitch y Mauthausen financieros o echarnos al monte de la economía y decir a los títeres del Reich en Madrid que el pueblo español no se somete, ni militar ni económicamente, a ninguna fuerza exterior. 

martes, 7 de agosto de 2012

Fracaso

Tengo el blog un poco olvidado. Disculpen, pero este verano hay sueños que me han abandonado, y este ha sido uno de ellos. He ahondado en lo profundo de mi ser, he oteado el horizonte del alma intentando encontrar una razón de ser, un camino a seguir, una meta que alcanzar, pero nada he encontrado digno de contar.

Podría seguir con historias que nadie leerá, podría seguir llamando a las musas, molestándolas incluso, por unas letras que se cargarán de polvo y desaparecerán en el olvido.

He fracasado. Pero no penséis que esto es un lamento, no os cuento mis penas, quiero mostraros mi fortaleza. Mi última entrada, el capítulo once de Sueños de verano me hizo reflexionar sobre los esfuerzos vanos, sobre los caminos recorridos en balde. Once capítulos duró una historia que no acabará, ya que a nadie le interesa como acabe, o a casi nadie. Seguiré escribiendo, aquí o en cualquier otra parte; para concursos, certámenes, para mí, para quien quiera leerme, pero no llevaré más historias como esta adelante en un blog. Aquí escribiré microrrelatos si me apetece, opiniones, incluso puede que inicie un diario cuando viva en Italia (en dos meses), pero Rodrigo y Daniela quedarán anclados para siempre en el puerto del olvido.

Puede que incluso haga tentativas en otros géneros, puede que escriba algo de poesía, aunque tan solo es un puede.

Se trata de cambiar, de reinventarse, como ante cualquier fracaso. Lo más tentador es abandonar el blog, aparcar la pluma y distraerme en asuntos banales; sería una solución fácil y cobarde. Pero os puedo asegurar que eso no va conmigo. ¿Quién dijo que los sueños fuesen fáciles de alcanzar? Seguiré luchando, y la próxima vez no intentaré que sea un triunfo, sino que sea un mejor fracaso, un fracaso en el que haya progresado, pretender más sería de necios. Para triunfar hay que saber fracasar muchas veces. Sino, siempre quedará la opinión de Winston Churchill, el cual decía aquello de "el verdadero triunfo consiste en ir de fracaso en fracaso sin desesperarse". Y yo, con la literatura, jamás desesperaré.

Sé que hay personas que quizás echen de menos la continuación de esa historia. Mis más profundos y sinceros agradecimientos a Nuria, Durán y Ana por haber estado ahí siempre, junto a mis relatos.

Nos leemos pronto
Saludos
Pablo


viernes, 13 de julio de 2012

Sueños de verano, capítulo once

El agua fluía despacio mientras el muchacho la contemplaba pensativo apoyado sobre la barandilla del mirador. Desde niño siempre le había gustado contemplar el lento avance del cauce del río en aquel lugar, pues le infundía una tranquilidad como nada en el mundo lo hacía. Todos los males se desvanecían, todo el pesar desaparecía momentáneamente en aquel idílico paraje que poseía cada uno de los sentidos del que se parase a disfrutarlo. El agua hipnotizaba en su lento fluir a la vista y al oído, mientras que el tacto era acariciado por la suave brisa estival y el olfato estimulado por los aromas que la corriente arrastraba. Solo el gusto escapaba a aquella magia, y no siempre, pues cerca de allí había una pequeña pastelería a cuyos pasteles era difícil resistirse. Cientos de veces había disfrutado de aquel lugar con un pastel entre sus manos, deleitándose con lo que la vida le ofrecía con tanta sencillez.

En ese instante, sin embargo, el encanto del lugar era roto por su camisa negra, su semblante desconsolado y sus nudillos despellejados. La belleza reponedora de aquel paraje había sido quebrada por la sombra de la muerte. Pensaba el muchacho como la vida, como aquel río, fluía tranquila a veces, rápida y precipitada otras, y cuando menos lo esperabas llegabas a su desembocadura, al inmenso y frío mar de la vida que es la muerte.

Reflexionando mientras contemplaba como se mecían los juncos, Rodrigo recordaba que toda su desdicha  había comenzado mucho antes, a mediados de julio, poco después de conocerla. Tras cruzarse con su mirada, todo comenzó a girar en torno a Daniela. Pero ese gravitar en torno a un amor adolescente pronto se vio truncado por un accidente tan trágico como inoportuno. El accidente de Juan Pablo había quebrado el inicio de aquel amor, lo había ensuciado cuando apenas comenzaba a nacer y lo había envenenado de manera irremediable. El fracaso parecía asegurado para aquella relación mancillada. Pero Rodrigo estaba empeñado en sacarla adelante, pensaba que su ilusión sería suficiente, que acabaría con todos los males que la pudiesen acosar, pese a que en lo profundo de su mente le atormentasen malos pensamientos.

Lo que quedaba del mes de julio transcurrió con síntomas de mejoría tanto para Juan Pablo como para Daniela, lo cual infundía esperanzas en Rodrigo. Agosto comenzó con paseos por el río y besos bajo los árboles, y siguió con pasión entre las sábanas. Mientras tanto, Juan Pablo había mejorado tanto que alimentó las esperanzas de todos. Su fortaleza en la lucha contra las Parcas había dado un motivo por el que creer en su recuperación. Por su parte, Rodrigo había dejado de tener esos sueños que lo atormentaban, lo que le hacía confiar en que todo había acabado y que a partir de ese momento todo saldría bien.

Y así fue hasta que, a finales de agosto, todo comenzó a torcerse. El primer revés a la buena marcha de los acontecimientos fue una conversación entre el muchacho y Daniela, fruto de los temores infundados de la muchacha. Se encontraban echados sobre la hierba de la ribera del río, con el Sol ocultándose en un horizonte anaranjado, dejando sus últimos rayos de luz a la inminente noche. El viento, cada vez más fresco y agradable, mecía las ramas de los árboles cercanos y los cabellos de Daniela. Era el escenario de tantos besos y caricias, pero esa tarde el asunto era diferente.

-Rodrigo
-Si, amor mío
-Se acerca el otoño, y con él deberás marcharte a la Universidad, ¿lo has pensado?
-Aun no me lo había planteado, Dani, ¿Te preocupa?
-Bastante más que a ti, según parece. ¿Cómo vamos a soportar el peso de la distancia después de pasar todo el verano unidos?
-Siendo fuertes y teniendo muy presente que nos amamos
-Pero, Rodrigo, tú te vas a la ciudad, allí...allí habrá más chicas, seguro que más guapas que yo. Te olvidarás de mi, si te vas... -la voz de Daniela se apagaba a la vez que sus ojos se humedecían y, en un suspiro, añadió- No quiero que te vayas.
-No digas tonterías. Yo tampoco quiero irme Dani, pero es mi obligación -dijo Rodrigo abrazándola-.
-¿Nos dejarás, pues, solos a Juan Pablo y a mí?
- No es eso, pero compréndeme, es mi futuro.
-¿Y qué soy yo? -dijo Daniela con lágrimas en los ojos-.
- Lo más maravilloso que jamás me pudo haber pasado -aseguró Rodrigo mirándola a los ojos y cogiéndole la mano-.
-En ese caso, quédate conmigo, no te vayas -añadió Daniela, tras lo cual comenzó a llorar.

Rodrigo la abrazó y pensó en lo que había dicho. Hasta ese momento no se había planteado que volver a la Universidad supusiese alejarse de Daniela y la posibilidad de olvidarla, aunque esto último le parecía imposible. Su mente actuó rápido, guiada por un impulso alimentado por el amor que le profesaba a Daniela: "me quedaré, mi amor, por ti y solo por ti". Tras esta declaración, Rodrigo secó las lágrimas de Daniela con la yema de sus pulgares mientras le sujetaba su cabeza con las manos, tras lo cual le dio un beso tierno. Aquellas palabras dichas a la ligera le traerían al muchacho, a la larga, más desazón que dicha.

Rodrigo recordaba aquel instante mientras permanecía apoyado en la barandilla del mirador del río. El lúgubre tono de las campanas le sacó de sus pensamientos y reclamó su presencia en el interior de la Iglesia, situada varias calles hacia el interior del pueblo. Rodrigo se giró y comenzó a caminar con pesadez y desgana, como queriendo retrasar el inevitable momento de encontrarse de frente con una realidad que volvía a abrumarlo, aunque esta vez de manera definitiva. La muerte había rondado aquel verano asiduamente su entorno, pero siempre mantuvo la esperanza de que no llegara a blandir su guadaña. Ahora tenía la certeza de que la muerte no rondaba en vano; demasiado ocupada estaba en su milenario cometido como para perder el tiempo en observar almas sin reclamarlas.



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jueves, 31 de mayo de 2012

Disculpen, ¿democracia?

"¡Viva la democracia!" Gritaron nuestros padres hace ya más de 30 años. "¡Viva la libertad!" Entonaban jubilosos tras 40 años bajo el yugo de los facciosos. Hoy, tres décadas después de aquel logro, todo sigue negro. Aquella ansiada, esperada, anhelada democracia, aquel "gobierno del pueblo", aquella libertad por la que lucharon, por la que vieron la madera del carnicero gris cortar el aire y contusionar su cuerpo, aquel sueño que parecía imposible entonces y que pareció conseguirse... parece hoy extinguirse.

Nos convencieron de que vivíamos en un Estado de derecho, y durante un tiempo pareció ser cierto, mientras callamos cual dóciles borregos. Pero ahora, cuando la amenaza de la ruina nos acecha y, ya ven, gobierna la derecha, vuelven medidas autoritariamente impuestas. El gobierno ordena y decreta, haciendo oídos sordos al de la pancarta y jodiendo al que trabaja, que, por miedo, calla, sirve y aprieta. Sirven, cual siervos a sus señores feudales, a aquellos que traían el cambio y ¡ah! ¡qué cambio! antes estabais jodidos y ahora, además, arruinados y hundidos. Gran cambio, amigos, digno del mejor chiste o de las más grandes de las comedias. Y es que eso, precisamente, es hoy España, una comedia de mal gusto interpretada por la peor calaña.

Mientras unos pocos con conciencia y sin miedo luchan contra la sinrazón del explotador, otros atacan a esos guerreros de la libertad con desprecio y sin argumentos, dóciles y serviles, mientras no tienen donde caerse muertos. Esos ataques contra los héroes de la educación y la sanidad vienen, entre otros,  de los censuradores de la verdad, ¡la prensa nacional! ¿Su misión es informar? ¡Já! Más bien manipular.

Y qué decir de la censura estatal. ¿Acaso pensáis que deliro? ¿que estoy fatal? pues atended a lo que digo. La cuenta Sevillapara de twitter fue censurada, y aquí como si no pasara nada. Sevillapara2012 creamos, y al carajo la mandaron. ¿Democracia en España? A mi ya nadie me engaña. Despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo. Ya ven para lo que hemos quedado.

Perdonen mi desazón, pero ante la sinrazón contra el pueblo trabajador irascible está mi corazón.

domingo, 27 de mayo de 2012

Winston Churchill, Wert y la cultura

El primer ministro de Inglaterra durante la IIª Guerra Mundial, Winston Churchill, no solo fue uno de los grandes estadistas de su tiempo, sino que fue un intelectual de altura. Historiador, escritor, artista, político, excelente orador y Premio Nobel de Literatura en 1953, Sir Winston Churchill es una de esas figuras a imitar que muy pocos tienen en consideración. Churchill, al contrario que el señor Wert o el propio Rajoy, tenía muy claro una cosa: la cultura y la educación no eran prescindibles. Cuando, durante la IIª Guerra Mundial, le propusieron retirar por completo el alto presupuesto que tenía cultura para destinarlo a gastos militares, Churchill contestó escandalizado: "¿quitarle el presupuesto a la cultura? ¡Entonces para que luchamos!

En plena IIª Guerra Mundial, cuando el destino del mundo se jugaba en los campos de batalla de Europa, África, Asia y Oceanía, cuando el desastre parecía inminente y Londres sufría bombardeos constantes por parte de la luftwaffe, Winston Churchill no consintió que se rebajara el presupuesto a la cultura, porque comprendió que un pueblo sin cultura es un pueblo sin alma. Sin su cultura ¿qué diferenciaba a los ingleses de los alemanes a los que combatían?

La cultura define a un pueblo, lo dota de carácter y de identidad. Y la educación es la base de esa cultura, sin educación no se puede conocer la identidad de un pueblo plasmada en su literatura, en su arte, en su música y en sus costumbres; sin educación no se puede tomar la cultura y mantenerla viva a través de la tinta, el pincel o la guitarra. Por esto, señor Wert, nuestra educación y nuestra cultura no están en venta, no van a privatizarse y no van a pagar la deuda, porque el alma de nuestro pueblo no tiene precio ni vamos a dejar que lo tenga.

E a imitación de Churchill afirmo: Lucharemos hasta el final, lucharemos en las calles, lucharemos en el Rectorado, lucharemos contra la manipulación de la prensa y la incredulidad de algunos, lucharemos en las facultades, los institutos y los colegios, lucharemos en los teatros, los museos y los libros, nunca nos rendiremos.