"Un país desarrollado no puede basar su desarrollo solo y exclusivamente en la economía, porque la economía misma acabará por devorarlo"
Ayer leí en el diario El País que la entidad financiera estadounidense Morgan Stanley afirmaba en uno de sus informes sobre nuestro país que "España será la próxima Alemania", alegando que los bajos costes de producción y de energía haría que aumentasen de forma considerable las exportaciones. No soy un experto en economía, y no tengo por qué poner en duda el análisis de una compañía que basa su éxito en la especulación y en analizar la economía para invertir en los sectores con mayor expectativa de éxito.
Así pues, Morgan Stanley nos transmite, de forma indirecta, un mensaje de esperanza y optimismo en nuestra economía, y arroja credibilidad a un gobierno que a nuestros ojos cada día es más ineficiente. De este modo, nos encontramos con que estos políticos de los que tanto nos quejamos resulta que, a fin de cuentas, y con algún caso de corrupción de por medio, están haciendo un buen trabajo.
Pero la pregunta es ¿a qué precio? Un buen trabajo no significa que estén desarrollando bien la labor para la que fueron elegidos. Al contrario, están haciendo una buena labor para aquellos que los azotan con el látigo europeo de la crisis. España será dentro de cinco, diez o mil años como Alemania económicamente, pero quizás sea como China socialmente. Un país desarrollado no puede basar su desarrollo solo y exclusivamente en la economía, porque la economía misma acabará por devorarlo. ¿De qué sirve al pueblo español que el gobierno, los bancos y las grandes empresas tengan miles de millones de superávit si ellos se mueren de hambre? El error de demasiados hombres poderosos en este tiempo que nos ha tocado vivir es el de pensar que todo se basa en la economía, sin pensar que son las personas las que la hacen posible, y que estas tienen otras motivaciones y necesidades.
¿A qué precio está el gobierno (si es que realmente es así) sacando a España de la crisis económica? Pues la está sacando a base de asfixiar al que menos tiene para que el que más tiene no pierda nada y el que menos tiene lo pierda todo. Entonces, en sus estadísticas europeas podrán decir que el gobierno, como los niños buenos, aprueban en la asignatura de cumplir el déficit, y que las empresas son competitivas porque tienen un amplio margen de beneficios. Y, sin embargo, no mencionarán en sus estadísticas desprovistas de humanidad que para que su despiadado edificio económico funcione han tenido que pisotear los derechos y las libertades de unos ciudadanos que viven en un supuesto Estado de derecho, con cada vez más hambre y menos libertad.
La solución no está en recortar en derechos tan necesarios y fundamentales como la educación o la sanidad, al contrario, debemos cambiar la mentalidad a través de la educación para no volver a caer en los mismos errores. ¿De qué sirve ahogar al pueblo y privarle cada vez más de derechos por salvar la economía si no se le educa para que no vuelva a caer en la trampa del capital? La solución no es solo sacar a España de la miseria económica en la que nosotros mismos (unos más y otros menos o nada) nos metimos; sino que se debería de sacar paulatinamente de la crisis a la vez que se instruye a los ciudadanos más humildes en el modo no caer de nuevo en una situación parecida. La solución, pues, está en la educación, y no en los recortes despiadados. Pero quizás, después de todo, que el pueblo sepa demasiado no les convenga a los poderosos, e incluso, quizás, las crisis periódicas le sirvan a los grandes magnates para controlar periódicamente a un pueblo trabajador que cuando se encuentra demasiado desahogado comienza a pedir más derechos y libertades. Quizás las crisis convengan más a los poderosos de lo que nosotros nos creemos, y nosotros, crédulos inculto en macroeconomía, estamos de acuerdo con eso de que todos tenemos que esforzarnos para sacar la situación adelante. Quizás estemos sometidos con grilletes mentales al amo del mundo: el capital. Y, quizás, deberíamos de cambiar todos los quizás anteriores por una rotunda afirmación si queremos ver la realidad del mundo en el que vivimos. Quizás.
Por todo esto, yo, como ciudadano español, no deseo ser la próxima Alemania, ni me siento esperanzado ni aliviado con un informe como del que les hablaba al principio del texto, pues sus términos puramente económicos no recogen el padecimiento humano que la bonanza que pronostican conlleva. Si quieren mi humilde opinión, prefiero ser la próxima Finlandia o Suecia, países donde la educación está por encima de muchas otras cosas, países que quizás no son una potencia económica mundial, pero en el que la amplia mayoría de sus ciudadanos tienen un alto nivel cultural y de vida. Y es que prefiero un país donde la amplia mayoría de sus ciudadanos vivan bien a otro que se codee con los poderosos mientras el peso de ser una potencia aplasta al pueblo.
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miércoles, 13 de febrero de 2013
lunes, 11 de febrero de 2013
Que se queden y aprendan
Hace poco leí un artículo de Risto Mejide en El Periódico,
“Largaos” llevaba por título. No es la primera vez que leo algo así, y me
pareció incluso suave viniendo de una persona tan severa como él. Y es que no
es suficiente con que se vayan, en el caso de que alguno de ellos quisiese
hacerlo. Si se van sería como extirpar un cáncer y dejarnos una parte para que
la metástasis siga matando el cuerpo de nuestra nación.
La solución no es que se vayan, pero tampoco que se queden
tal como están, sobra decirlo. ¿Qué hacer, pues? O, mejor dicho, ¿qué hacer de
nuevo? Y es que el pueblo español ya ha mostrado su voluntad decenas de veces
en el corto periodo que este gobierno lleva arrasando el país con sus medidas
descabelladas y sus sablazos a la espina dorsal de todo país civilizado: su cultura
y el bienestar de sus ciudadanos. Nos
hemos echado a la calle con pancartas, con la voz en grito, hemos hecho
acampadas, nos hemos enfrentado con valor a las porras de sus lacayos, y no
hemos conseguido nada. Escudados en su mayoría absoluta, esa que consiguieron
mintiéndole a los crédulos que quisieron creerles, o a los inocentes que sus
antiguas medidas dejaron sin la capacidad de ver más allá de sus palabras, se
atrincheran en el poder, parapetados en la legalidad de su posición.
Es precisamente esa legalidad, la que ellos controlan y la
que nos hacen creer que nos pertenece a todos, la que nos impide tener margen
de maniobra. Esa legalidad anticuada y perfectamente articulada para que la
democracia construida en 1978 se asemeje más a la España franquista que a
cualquier democracia occidental. Y es que la mayoría absoluta que contempla
este sistema decadente y anacrónico se
parece más a una dictadura que a una mayoría absoluta parlamentaria. Este
gobierno “democrático” y civilizado hace oídos sordos a su pueblo movilizado,
carga impunemente contra sus ciudadanos y hasta viola su propia constitución.
Pero es que, para colmo, resulta que estos señores parecen no tener suficiente
con llenar sus bolsillos con las arcas del Estado mediante infladísimas dietas
y acumulando en su persona varios cargos (como la señora Cospedal); encima
resulta que estos que dicen representarnos (representación de lujo, dicho sea
de paso) también meten la mano en arca ajena, sobre mediante, y roban al pueblo
al que ya intentan someter. Y, lo peor de todo, es que lo desmienten sin
sonrojarse un poco, lo desmienten incluso cuando las pruebas son más que
evidentes e, incluso, los medios que siempre los habían apoyado les dan la
espalda.
Cada vez más solos, pero cada vez más atrincherados en su
mayoría absoluta cuasi autoritaria, se seguirán riendo de nosotros mientras que
intentemos luchar contra ellos a través de los medios de su legalidad
decadente. Ha llegado la hora de cambiar la acción, de cambiar nuestro modo de
actuar. Basta de acampadas que acaban desembocando en talleres hippies (con
todos mis respetos), basta de manifestaciones puntuales por un itinerario
autorizado por su legalidad autoritaria, basta de obedecer mansamente cual
siervos las órdenes de unos amos que no debemos tener, basta de responder a su
violencia política con pacifismo democrático.
Si ellos mismos no respetan las instituciones de este Estado
decadente, llenando sus bolsillos con dinero no declarado, pagando confetis por
valor de 4.000 € y payasos por valor de 10.000 € (disculpen si me da la risa
sarcástica), nosotros no debemos de respetar su legalidad. Es hora de una
insumisión cívica como nunca antes se haya visto, una insumisión bajo los
valores del pacifismo, pero con alto grado de pesadez. Se deben de acabar las acampadas
y las manifestaciones puntuales, debemos de ser tan constantes y pesados que ni
dormir puedan. Debemos de molestarlos en sus coches, en sus casas, en su lugar
de “trabajo”; debemos incordiarlos, amenazarlos, sacarlos de quicio, manchar
las fachadas de sus chalets, ajar sus trajes de seda, tildar sus pieles de la
pintura de la vergüenza. Y quizás así, después de días, semanas, meses o años,
estos totalitarios amigos de lo ajeno aprendan a respetar a aquellos a quienes
deben su cargo y cumplir su misión de gobernar para el pueblo con el pueblo.
Así pues, que se queden, y que disfruten de las lecciones
que el pueblo les debe dar.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Gaza, la vergüenza del mundo occidental
Una vez más Gaza. Una vez más palestinos e israelíes en su lucha sempiterna. Una vez más radicales de ambos bandos destrozando vidas ajenas al conflicto. Y una vez más silencio de la comunidad internacional ante las terribles masacres que comete el pueblo israelí contra el pueblo palestino.
Gaza es hoy, como ha sido muchas veces, y posiblemente lo será alguna más, la vergüenza del mundo occidental y los valores que, supuestamente, lo rigen. A los occidentales nos han educado en el ideal de la democracia y el pacifismo, en el diálogo y el entendimiento. Si los niños se golpean, los recriminamos, si los ciudadanos protestan violentamente, los desacreditamos. La violencia es un elemento que ha dejado de pertenecer al pueblo, y que, sin embargo, han monopolizado los Estados. Los ciudadanos no deben, ni pueden, ser violentos, pero si el Estado lo considera menester, puede ordenar apalear a todos cuanto lo amenacen, violenta o pacíficamente. La violencia del poderoso contra el débil está justificada y es defendida por los títeres de los gobiernos, prensa y ultrapatriotas; y esto ocurre tanto a nivel nacional como internacional.
Gaza es hoy, como ha sido muchas veces, y posiblemente lo será alguna más, la vergüenza del mundo occidental y los valores que, supuestamente, lo rigen. A los occidentales nos han educado en el ideal de la democracia y el pacifismo, en el diálogo y el entendimiento. Si los niños se golpean, los recriminamos, si los ciudadanos protestan violentamente, los desacreditamos. La violencia es un elemento que ha dejado de pertenecer al pueblo, y que, sin embargo, han monopolizado los Estados. Los ciudadanos no deben, ni pueden, ser violentos, pero si el Estado lo considera menester, puede ordenar apalear a todos cuanto lo amenacen, violenta o pacíficamente. La violencia del poderoso contra el débil está justificada y es defendida por los títeres de los gobiernos, prensa y ultrapatriotas; y esto ocurre tanto a nivel nacional como internacional.
lunes, 20 de agosto de 2012
El IV Reich alemán, un imperio financiero
Ya lo advirtieron muchos líderes políticos con anterioridad, desde los dirigentes franceses tras la Iª Guerra Mundial hasta los rusos tras la IIª Guerra Mundial: Alemania unificada y fuerte es la mayor amenaza de Europa, tanto para la propia Europa como para el resto del mundo.
Por su situación geográfica, Alemania siempre ha estado avocada a dominar para no ser dominada. Esto lo han tenido bastante claro los alemanes desde la unificación capitaneada por Prusia culminada en 1871. La joven Alemania de aquel entonces tuvo la suerte de ser comandada por una de las grandes mentes políticas de todos los tiempos: Otto von Bismarck, el Canciller de Hierro. Bismarck fue el primero que llevó a cabo eso de dominar para no ser dominado, si no que le pregunten al segundo imperio francés, que fue vapuleado por el ejército todavía prusiano, que llegó a las puertas de París. Bismarck, pese a esto, fue un político pragmático e inteligente, que era perfectamente consciente de que Alemania debía de ser fuerte, pero no a cualquier precio. Con su realpolitik Bismarck intentaba mantener un equilibrio en Europa, pero en ningún caso conseguir una clara, manifiesta y amenazante superioridad alemana en el Viejo Continente. El Canciller de Hierro buscaba preservar la unidad de Alemania y consolidarla como potencia, pero no imponerla al resto de Europa.
Todo esto cambió con la destitución de Bismarck llevada a cabo por el Káiser Guillermo II. El joven emperador del II Reich alemán era más ambicioso y menos realista y prudente que Bismarck. Con él podríamos vislumbrar el comienzo de una saga de políticos alemanes muy dispares, pero que tienen ciertas afinidades y algo común por encima de todo: intentar imponer Alemania a Europa. El Káiser Guillermo II comenzó la weltpolitik, política mundial, por la cual Alemania empezaba a mirar menos su interior, el mantenimiento de sus fronteras y el statu quo, para meterse de lleno en una política imperialista y expansionista que desembocaría en la Gran Guerra. Por supuesto, esta actitud alemana no fue el único desencadenante de la guerra, ya que todos los países contendientes habían hecho méritos para que esta estallase, pero sin duda la desaparición del Canciller de Hierro, que mantenía el frágil equilibrio en Europa y en Alemania, fue determinante para que la guerra comenzase. Alemania fue derrotada como bien es sabido, y los franceses les impusieron unas sanciones de guerra durísimas con el objetivo de que Alemania no volviese a ser una amenaza.
Pero si algo tienen de admirable los alemanes es su ética de trabajo, gracias a la cual consiguieron de nuevo levantarse. Alemania consiguió volver a ser una potencia en Europa con esfuerzo y sacrificio, algo sin duda admirable. Pero Alemania nunca sabe quedarse ahí; en lugar de aprender de su pasado, de permanecer como una gran nación junto a otras grandes naciones europeas, buscó ser la gran nación de Europa. Alimentados por el odio a los franceses por las duras condiciones del Tratado de Versalles, y espoleados por el radical discurso ultrapatriota y antisemita de Adolf Hitler, Alemania volvió a embarcarse en la empresa de dominar Europa, otra vez mediante el uso de la fuerza. Como por todos es sabido, esta locura alemana, cuya cabeza fue Hitler, pero en la que la mayor parte del pueblo alemán participó gustoso hasta que las cosas comenzaron a torcerse, acabó con la mayor masacre de la historia de las guerras y con Europa destruida. El III Reich había sido derrotado, pero a costa de la vida de cincuenta millones de personas. Cincuenta millones de vidas le costó a la humanidad la ambición y la locura del pueblo alemán.
Tras la derrota en la IIª Guerra Mundial, Alemania fue dividida provisionalmente, y más tarde definitivamente, en gran parte por la insistencia de los rusos. El todavía dirigente de la URSS, el sanguinario Stalin, sabía que una Alemania unida volvería a ser, tarde o temprano, una amenaza, no solo para la URSS, sino para Europa entera. Esta postura de Stalin era compartida por los franceses, que habían vuelto a ser atacados e invadidos por los alemanes; pero no así por ingleses y estadounidenses, que tenían más miedo del comunismo que del resurgir de Alemania. EEUU y Gran Bretaña querían una Alemania unificada que hiciese de tapón contra la expansión del imperio rojo de Stalin por Europa. Finalmente también se unió a estadounidenses e ingleses Francia, por afinidad ideológica más que por convencimiento. Pero los aliados no fueron capaces de imponerse a Stalin, y Alemania quedó dividida.
Tras el desplome del bloque comunista, y atendiendo a las viejas promesas, al clamor de los alemanes y al ruego de miles de personas en todo el mundo que, inconscientemente, pedían la reunificación de Alemania basada en ideales liberales y democráticos, Alemania volvió a ser una el 3 de octubre de 1990, lo que la convertía inmediatamente en gran potencia del mundo. Antes de la reunificación, la República Federal de Alemania (Alemania Occidental) ya había despuntado económicamente como potencia, pero con la restitución de todo el territorio alemán el potencial de la nación era incalculable. Y no tardaron en ponerlo en práctica los alemanes, pronto se colocaron a la cabeza económica de Europa y del mundo.
A día de hoy, 22 años después de aquello, Alemania vuelve a ser un despiadado y ambicioso Reich (imperio en alemán),y aunque esta vez no es un Reich militar, sino que es un Reich financiero, sigue haciendo temblar a toda Europa como lo hiciese el III Reich. Merkel y el mercado alemán dominan Europa con una facilidad pasmosa, influyendo de tal manera en la UE que bien podría decirse que es un órgano alemán para Europa en lugar de un órgano europeo para Europa. El otrora ejército alemán que utilizaba la blitzkrieg o guerra relámpago es ahora un batallón de enchaquetados canosos que infiltraron tras nuestras líneas económicas bombas de relojería financieras que han hundido la línea de resistencia económica del país. Por si fuera poco, tras la conquista silenciosa los alemanes han colocado a sus títeres en el gobierno de nuestro país, que obedecen a rajatabla lo que les marca esa UE germanizada, haciéndonos creer que aun somos soberanos en nuestra nación. Por último, los títeres del gobierno han instalado su Gestapo particular en los medios más afines a su causa, convirtiendo en una verdadera persecución mediática toda reacción popular a la dramática situación de ocupación económica que vivimos, siendo apoyados además por aquellos germanófilos que confunden ideales con obediencia ciega al partido que en teoría encarna dichos ideales, pese a que no sean más que marionetas en manos de la führer Ángela Merkel.
Seguramente muchos de los que lean estas líneas sean escépticos en cuanto a lo que he escrito y tilden de exageradas, e incluso radicales, las analogías que he hecho, pero lo que he escrito no es más que la realidad que vivimos, y no soy yo el primero que ha afirmado que nos encontramos inmersos en la IIIª Guerra Mundial, una guerra económica tan despiadada como las guerras militares, solo que la muerte en esta es más lenta, más agónica y menos visible. Y en esta guerra nos ha tocado ser la Checoslovaquia de 1938, aquella que fue sometida sin esfuerzos gracias a la permisividad de las otras potencias europeas, para regocijo de los ambiciosos alemanes. De nosotros depende dejar que nos encierren en los Auswitch y Mauthausen financieros o echarnos al monte de la economía y decir a los títeres del Reich en Madrid que el pueblo español no se somete, ni militar ni económicamente, a ninguna fuerza exterior.
Seguramente muchos de los que lean estas líneas sean escépticos en cuanto a lo que he escrito y tilden de exageradas, e incluso radicales, las analogías que he hecho, pero lo que he escrito no es más que la realidad que vivimos, y no soy yo el primero que ha afirmado que nos encontramos inmersos en la IIIª Guerra Mundial, una guerra económica tan despiadada como las guerras militares, solo que la muerte en esta es más lenta, más agónica y menos visible. Y en esta guerra nos ha tocado ser la Checoslovaquia de 1938, aquella que fue sometida sin esfuerzos gracias a la permisividad de las otras potencias europeas, para regocijo de los ambiciosos alemanes. De nosotros depende dejar que nos encierren en los Auswitch y Mauthausen financieros o echarnos al monte de la economía y decir a los títeres del Reich en Madrid que el pueblo español no se somete, ni militar ni económicamente, a ninguna fuerza exterior.
jueves, 31 de mayo de 2012
Disculpen, ¿democracia?
"¡Viva la democracia!" Gritaron nuestros padres hace ya más de 30 años. "¡Viva la libertad!" Entonaban jubilosos tras 40 años bajo el yugo de los facciosos. Hoy, tres décadas después de aquel logro, todo sigue negro. Aquella ansiada, esperada, anhelada democracia, aquel "gobierno del pueblo", aquella libertad por la que lucharon, por la que vieron la madera del carnicero gris cortar el aire y contusionar su cuerpo, aquel sueño que parecía imposible entonces y que pareció conseguirse... parece hoy extinguirse.
Nos convencieron de que vivíamos en un Estado de derecho, y durante un tiempo pareció ser cierto, mientras callamos cual dóciles borregos. Pero ahora, cuando la amenaza de la ruina nos acecha y, ya ven, gobierna la derecha, vuelven medidas autoritariamente impuestas. El gobierno ordena y decreta, haciendo oídos sordos al de la pancarta y jodiendo al que trabaja, que, por miedo, calla, sirve y aprieta. Sirven, cual siervos a sus señores feudales, a aquellos que traían el cambio y ¡ah! ¡qué cambio! antes estabais jodidos y ahora, además, arruinados y hundidos. Gran cambio, amigos, digno del mejor chiste o de las más grandes de las comedias. Y es que eso, precisamente, es hoy España, una comedia de mal gusto interpretada por la peor calaña.
Mientras unos pocos con conciencia y sin miedo luchan contra la sinrazón del explotador, otros atacan a esos guerreros de la libertad con desprecio y sin argumentos, dóciles y serviles, mientras no tienen donde caerse muertos. Esos ataques contra los héroes de la educación y la sanidad vienen, entre otros, de los censuradores de la verdad, ¡la prensa nacional! ¿Su misión es informar? ¡Já! Más bien manipular.
Y qué decir de la censura estatal. ¿Acaso pensáis que deliro? ¿que estoy fatal? pues atended a lo que digo. La cuenta Sevillapara de twitter fue censurada, y aquí como si no pasara nada. Sevillapara2012 creamos, y al carajo la mandaron. ¿Democracia en España? A mi ya nadie me engaña. Despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo. Ya ven para lo que hemos quedado.
Perdonen mi desazón, pero ante la sinrazón contra el pueblo trabajador irascible está mi corazón.
Nos convencieron de que vivíamos en un Estado de derecho, y durante un tiempo pareció ser cierto, mientras callamos cual dóciles borregos. Pero ahora, cuando la amenaza de la ruina nos acecha y, ya ven, gobierna la derecha, vuelven medidas autoritariamente impuestas. El gobierno ordena y decreta, haciendo oídos sordos al de la pancarta y jodiendo al que trabaja, que, por miedo, calla, sirve y aprieta. Sirven, cual siervos a sus señores feudales, a aquellos que traían el cambio y ¡ah! ¡qué cambio! antes estabais jodidos y ahora, además, arruinados y hundidos. Gran cambio, amigos, digno del mejor chiste o de las más grandes de las comedias. Y es que eso, precisamente, es hoy España, una comedia de mal gusto interpretada por la peor calaña.
Mientras unos pocos con conciencia y sin miedo luchan contra la sinrazón del explotador, otros atacan a esos guerreros de la libertad con desprecio y sin argumentos, dóciles y serviles, mientras no tienen donde caerse muertos. Esos ataques contra los héroes de la educación y la sanidad vienen, entre otros, de los censuradores de la verdad, ¡la prensa nacional! ¿Su misión es informar? ¡Já! Más bien manipular.
Y qué decir de la censura estatal. ¿Acaso pensáis que deliro? ¿que estoy fatal? pues atended a lo que digo. La cuenta Sevillapara de twitter fue censurada, y aquí como si no pasara nada. Sevillapara2012 creamos, y al carajo la mandaron. ¿Democracia en España? A mi ya nadie me engaña. Despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo. Ya ven para lo que hemos quedado.
Perdonen mi desazón, pero ante la sinrazón contra el pueblo trabajador irascible está mi corazón.
domingo, 27 de mayo de 2012
Winston Churchill, Wert y la cultura
El primer ministro de Inglaterra durante la IIª Guerra Mundial, Winston Churchill, no solo fue uno de los grandes estadistas de su tiempo, sino que fue un intelectual de altura. Historiador, escritor, artista, político, excelente orador y Premio Nobel de Literatura en 1953, Sir Winston Churchill es una de esas figuras a imitar que muy pocos tienen en consideración. Churchill, al contrario que el señor Wert o el propio Rajoy, tenía muy claro una cosa: la cultura y la educación no eran prescindibles. Cuando, durante la IIª Guerra Mundial, le propusieron retirar por completo el alto presupuesto que tenía cultura para destinarlo a gastos militares, Churchill contestó escandalizado: "¿quitarle el presupuesto a la cultura? ¡Entonces para que luchamos!
En plena IIª Guerra Mundial, cuando el destino del mundo se jugaba en los campos de batalla de Europa, África, Asia y Oceanía, cuando el desastre parecía inminente y Londres sufría bombardeos constantes por parte de la luftwaffe, Winston Churchill no consintió que se rebajara el presupuesto a la cultura, porque comprendió que un pueblo sin cultura es un pueblo sin alma. Sin su cultura ¿qué diferenciaba a los ingleses de los alemanes a los que combatían?
La cultura define a un pueblo, lo dota de carácter y de identidad. Y la educación es la base de esa cultura, sin educación no se puede conocer la identidad de un pueblo plasmada en su literatura, en su arte, en su música y en sus costumbres; sin educación no se puede tomar la cultura y mantenerla viva a través de la tinta, el pincel o la guitarra. Por esto, señor Wert, nuestra educación y nuestra cultura no están en venta, no van a privatizarse y no van a pagar la deuda, porque el alma de nuestro pueblo no tiene precio ni vamos a dejar que lo tenga.
E a imitación de Churchill afirmo: Lucharemos hasta el final, lucharemos en las calles, lucharemos en el Rectorado, lucharemos contra la manipulación de la prensa y la incredulidad de algunos, lucharemos en las facultades, los institutos y los colegios, lucharemos en los teatros, los museos y los libros, nunca nos rendiremos.
En plena IIª Guerra Mundial, cuando el destino del mundo se jugaba en los campos de batalla de Europa, África, Asia y Oceanía, cuando el desastre parecía inminente y Londres sufría bombardeos constantes por parte de la luftwaffe, Winston Churchill no consintió que se rebajara el presupuesto a la cultura, porque comprendió que un pueblo sin cultura es un pueblo sin alma. Sin su cultura ¿qué diferenciaba a los ingleses de los alemanes a los que combatían?
La cultura define a un pueblo, lo dota de carácter y de identidad. Y la educación es la base de esa cultura, sin educación no se puede conocer la identidad de un pueblo plasmada en su literatura, en su arte, en su música y en sus costumbres; sin educación no se puede tomar la cultura y mantenerla viva a través de la tinta, el pincel o la guitarra. Por esto, señor Wert, nuestra educación y nuestra cultura no están en venta, no van a privatizarse y no van a pagar la deuda, porque el alma de nuestro pueblo no tiene precio ni vamos a dejar que lo tenga.
E a imitación de Churchill afirmo: Lucharemos hasta el final, lucharemos en las calles, lucharemos en el Rectorado, lucharemos contra la manipulación de la prensa y la incredulidad de algunos, lucharemos en las facultades, los institutos y los colegios, lucharemos en los teatros, los museos y los libros, nunca nos rendiremos.
miércoles, 25 de abril de 2012
El orgullo olvidado del pueblo español
Maldito sea el pueblo que no se levanta contra los dirigentes que los oprimen, maldito sea el pueblo que permite que sus hijos mueran de hambre, enfermos y famélicos, sin un libro que leer ni un cuadro que contemplar, con tan solo un dios al que rezar. Maldito sea el pueblo que alimenta la panza de los magnates que dirigen sus destinos mientras su vientre plano marca los huesos de las caderas, maldito sea el pueblo que paga la educación a los hijos mimados de sus corruptos gobernantes para perpetuar su incompetencia mientras destinan a sus hijos a sostenerlos con el sudor de su frente y el dolor de sus huesos. Maldito sea el pueblo que ahoga sus penas en alcohol, que se deja extasiar por la sangre bovina y que no ve más allá del circo de los deportes, maldito sea porque en su vagancia y alcoholismo tiran por tierra el esfuerzo de generaciones enteras de obreros que lucharon por un futuro mejor, maldito sea por olvidar la sangre de sus ancestros vertida por su bienestar, maldito sea por olvidar su sudor, su sufrimiento, su infancia perdida entre picos y martillos y su vejez prematura. Maldito sea el que crea que no va con él siendo hijo del sudor y del esfuerzo, maldito sea el obrero que olvide su condición de pobre, maldita sea la memoria del pueblo, esa memoria que ha olvidado de donde viene y cuanto ha sufrido. Maldito sea, por encima de todo, el olvido, pues él nos condenará a repetir nuestra historia de sufrimientos.
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